Una novedosa terapia de electroestimulación evita las pérdidas de orina en niños


Una niña, durmiendo.
GTRES

Una terapia de electroestimulación ha sido puesta en marcha en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC) para evitar las pérdidas de orina en niños, mediante el uso en casa durante veinte minutos de un dispositivo similar al utilizado en fisioterapia.

La Unidad de Urodinámica Pediátrica del CHUAC investiga varias áreas vinculadas a las disfunciones vesicales de niños sin patologías, tanto en el ámbito de las causas como de las soluciones, con unos resultados que presentará en breve el doctor Iván Somoza Argibay (Lugo, 1974), especialista en urología pediátrica.

Detalla que la “alteración en el funcionamiento de la vejiga es la patología más frecuente que hay en niños junto con el asma”, que afecta a entre un 10 y un 15% de los pequeños, según el estudio que ha desarrollado en Galicia.

El doctor Somoza aclara que “no se debe etiquetar como paciente con disfunción vesical a un niño por debajo de los cinco años“, pues hasta entonces “es fisiológico, otra cosa es que la sociedad no lo vea fisiológico” y en el CHUAC, junto a la residente Isabel Casal y la enfermera Concepción Reguero, han encontrado una solución contrapuesta a los fármacos, que tienen efectos secundarios.

Han probado la neuromodolación, una estimulación eléctrica de las raíces sacras, en la zona baja de la columna vertebral, con un dispositivo TENS, la máquina que utilizan en fisioterapia de electro estimulación nerviosa transcutánea, que se aplica con varios electrodos no invasivos.

“Esa estimulación eléctrica, no está muy claro el mecanismo por el que se produce, pero regula o hace que se automodule el funcionamiento de la vejiga.La mayoría de niños que tienen pérdidas de orina tienen una vejiga hiperactiva, esa estimulación hace que esas contracciones no se produzcan”, subraya el experto.

La principal ventaja de esta terapia, además de la ausencia de efectos secundarios, es que los niños la utilizan “veinte minutos en casa mientras ven la tele durante seis meses” y, de momento, los que lo han probado con éxito, no han sufrido recaídas tras el fin del tratamiento.

Desbordados por la escolarización

Somoza Argibay advierte, sin embargo, del aumento de las disfunciones vesicales en los últimos años, unas incidencias que tienen a su equipo “desbordado”.

Existen “diversos factores” para este crecimiento y uno de los principales está en la “escolarización”, pues los niños empiezan hoy en el colegio “un año antes, con solo dos años y medio”.

“A un 30 o un 40% de los niños de esa edad se les escapa el pis y es fisiológico. Además, los fuerzan a contenerlo y a quitarse el pañal seis meses antes de ir al colegio —cuando los inscriben—. Eso hace que el proceso de aprendizaje de la continencia se desarrolle mal”, agrega.

Explica que “lo primero lo que aprende el niño —en esta situación— es a cortar el chorro, aprende una micción anormal, no sabe relajar el esfínter y desarrolla una alteración miccional que puede durar toda su vida”, lo que en los casos más severos ha implicado “incluso que hayan perdido un riñón”.

El doctor Somoza sostiene que “se debería trabajar durante el primer año de colegio en la retirada de pañal, en vez de obligarlos a ir sin él”.

“Un 30% de niños no van al baño en el colegio, se pasan seis horas aguantando las ganas. Desarrollan un aprendizaje anómalo. Entre un 30 y un 40% posponen las ganas. He encontrado incluso niños de siete años que nunca han hecho caca en el colegio, eso los convierte en estreñidos, que es una de las principales causas de pérdidas de orina”, desvela.

De manera resumida, indica que en el proceso de escolarización se produce un “círculo vicioso” al alterar el proceso de aprendizaje que es necesario evitar.

Apuesta, por tanto, por un aprendizaje normal y sin estigmas de la continencia, aunque para quienes ya sufren alguna disfunción vesical abre las puertas del CHUAC para beneficiarse de la terapia de estimulación eléctrica y frenar un problema contra el que es necesario actuar, pues podría convertirse en crónico.



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