Protección en el hogar: las medidas de los médicos que enfrentan al coronavirus


A finales de enero, antes de que se confirmara que el nuevo coronavirus podía transmitirse de humano a humano, el internista e infectólogo Julio Castro ya se documentaba sobre el virus y su enfermedad. En febrero, cuando aún era bajo el riesgo de que el coronavirus llegara a Venezuela, ya alertaba que el país y sus médicos debían prepararse para su impacto.

Desde el mismo día en que se confirmó la presencia del virus en Venezuela, el profesor del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (IMT-UCV) atendió pacientes con COVID-19 en la Policlínica Metropolitana, el centro de salud donde trabaja. Antes, desde “el día cero”, se compró su escudo o pantalla facial y comenzó a tomar más medidas de seguridad.

Dejó de atender en su consultorio, por ser un espacio muy reducido y poco ventilado, y se bañaba en la clínica y cambiaba su ropa al finalizar su jornada. Repartió sus horas entre el trabajo, reuniones y entrevistas. Sus familiares también tomaron medidas: evitaban salir del apartamento, en la medida de sus posibilidades, porque sabían que tenían un potencial foco de infección en su hogar y se preocupaban para no contagiar a los demás.

El 25 de agosto, después de cinco meses atendiendo pacientes con COVID-19, el doctor Castro confirmó que contrajo la enfermedad.

“Siempre hubo el peligro de que se contagiara por la cantidad de pacientes que está atendiendo”, dice Victoria Castro, una de sus hijas. “Ahora que dio positivo, lo aislamos en un cuarto de mi hermana. Mi hermana duerme con mi mamá y yo duermo en mi cuarto”, agrega.

A pesar de que el apartamento en el que viven no es tan grande como para mantener siempre el distanciamiento, cada uno intenta permanecer en sus espacios. “Pasa la mayor parte del día en el cuarto, bien aislado, y a la hora de comer lo pusimos en la otra esquina de la mesa y nosotros en otra. Y si tiene que interactuar con nosotros, lo hace con tapabocas y se pone el N95 que le cubre mejor”, expresa Victoria.

Ahora el doctor, asesor de la Comisión de Expertos de la Salud de la Asamblea Nacional, se encuentra en recuperación. Tras la preocupación inicial, sus familiares afirman que “corrieron con suerte”. Castro no tuvo que someterse a hospitalización. Cuando termine el reposo y tratamiento, aunque tendrá la seguridad de que ya pasó la enfermedad, se seguirá protegiendo.

El doctor Julio Castro fue uno de los primeros en atender personas con COVID-19 en el país | Foto: @oelzer

Cada uno tiene protocolos

Ante la pandemia, los médicos y demás trabajadores de la salud cambiaron sus dinámicas para extremar las medidas de protección contra el coronavirus tanto en sus centros asistenciales como en sus hogares para protegerse a sí mismos, a sus pacientes, familiares, vecinos y a la población en general. Cada profesional aplica su propio protocolo.

Un ejemplo lo es la médica cirujana María Alejandra Pérez. Desde que comenzó a atender personas con COVID-19 junto a Médicos Sin Fronteras Venezuela en el Hospital Pérez de León II de Petare, en Caracas, implementa una rutina para disminuir el riesgo de que el nuevo coronavirus llegue a su hogar, donde ya no recibe visitas y donde mantiene aseadas las superficies.

“En la entrada de la casa tengo una zapatera, una mesa donde hay alcohol en aerosol y una canasta plástica donde almacenamos las cosas que nos llevamos a la calle (carteras, tapabocas, paraguas). Al llegar, lo primero que desinfecto son las llaves antes de colgarlas, luego mi bolso que se queda en la entrada y luego mi celular que tiene un forro impermeable que permite desinfectarlo sin riesgo de dañarlo”, cuenta.

Luego se quita los lentes, el tapabocas, el uniforme y las medias y sumerge la ropa en un balde de agua con jabón que su familia le prepara minutos antes de su llegada. Después va directo a bañarse. Su esposo y su madre, quienes viven con ella, también laboran en distintas áreas del sector salud. Su madre es enfermera y trabaja con un paciente particular, y su esposo es consultor y trabaja en una clínica. Todos siguen el mismo protocolo de desinfección al llegar para cuidarse unos a otros.

Hasta su mascota, una perrita, cambió el hábito de saludarla al entrar a la casa: ahora solo la saluda cuando terminó de asearse.

Mariale Pérez cuida a sus pacientes como cuidaría a su familia | Foto cortesía

“Aunque suena fastidioso, la rutina ha resultado ser positiva”, dice. Fiel al juramento hipocrático que hizo cuando egresó de la UCV, afirma que no duda en seguir “dándole la cara” a la pandemia a pesar de los riesgos.

A partir del comienzo de la emergencia nacional por el nuevo coronavirus, María Alejandra ha tenido que permanecer en aislamiento preventivo en dos ocasiones, bajo el monitoreo constante de Médicos Sin Fronteras. Si ella o alguien de su familia se llegase a contagiar, afirma que aplicaría el mismo protocolo que sigue con sus pacientes: mantener la calma, vigilar síntomas y signos vitales, realizar algunos exámenes de laboratorio y recetar tratamiento para los síntomas.

Lo más importante es consultar a un médico, seguir al pie de la letra sus recomendaciones, mantener el aislamiento domiciliario y las previsiones del uso de tapabocas y continuo lavado de manos. Tomar abundantes líquidos, comer saludable, el descanso y el aseo constante de las superficies del hogar, indica. “Apoyarnos como familia es indispensable, ya que esta enfermedad no solo afecta nuestro organismo sino también nuestro estado emocional”.

Medidas para todos

Lisbeth Aurenty, infectóloga pediatra y coordinadora de la Comisión de Control de Infecciones del hospital de niños José Manuel de los Ríos, explica que el centro previene los contagios en el área de coronavirus supervisando a sus trabajadores al momento de vestirse y de quitarse los equipos de protección personal.

“Desde el momento en que se sale de nuestra área de COVID-19, la persona tiene que bañarse, tiene que cambiarse de ropa. Todos tienen una muda de cambio de ropa en un locker dispuesto para eso para eso porque al momento de salir se desecha todo el equipo que tiene protección personal y pasa ‘a la vida real’. La vida real es no solamente llegar a la casa, sino salir del ambiente COVID-19 a un espacio hospitalario donde probablemente la gente flexibiliza las medidas”, señala.

Luego, al ir hasta sus hogares, también siguen protocolos. “Llegas a tu casa, no tocas a nadie, te bañas antes de tocar a tu familia, cambias toda la vestimenta. Es algo que usualmente es de rutina; eso es lo que hacemos los médicos cuando llegamos a nuestras casas: bañarnos y asearnos”, dice.

La doctora Aurenty vela pro el cumplimiento de protocolos en su hospital | Foto: @preparafamilia

Para Aurenty, hace falta educación y capacitación tanto a la población como a los trabajadores de salud. Resalta que hay un “alto porcentaje de incumplimiento” de las medidas de protección por falta de supervisión a nivel hospitalario y por falta de conciencia en las calles. Por eso, a todos los grupos familiares les aconseja mantenerse en sus casas y no salir si no es necesario.

“No salir es importante porque no se sabe actualmente y estadísticamente cuántas personas están complicadas o infectadas porque el 80% de los pacientes son asintomáticos o leves, y salir a la calle es un factor de riesgo”, destaca.

Mantener la higiene de manos, usar adecuadamente la mascarilla (que cubra nariz y boca), utilizar caretas o escudos faciales, no tocar las mucosas (nariz, boca y ojos) y continuar el distanciamiento físico son las recomendaciones de Aurenty tanto para los médicos que enfrentan al coronavirus como para la población: “Son formas de prevenir los contagios no solamente en el hospital, sino en las casas y en la calle”.





MÁS INFORMACIÓN

¿Deseas opinar sobre este artículo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SiteLock
Facebook