olas, vídeos molones y un musical


Un momento feliz: los miembros de Sidonie -Marc Ros, Jesús Senra y Axel Pi-, junto a otros amigos músicos y productores, cantan a grito pelado de noche por las calles de Cadaqués la melodía de Amarcord, compuesta por Nino Rota para esta película de Fellini. Un bonito recuerdo en la localidad de la Costa Brava que acogió a Duchamp y Dalí y que la banda rescata como muestra del verano “eterno” que ya ha pasado allí, ese lugar en el que vive su nuevo disco, El regreso de Abba (Sony).

Dos salvedades: en primer lugar, el título no tiene nada que ver con los cuatro suecos –”No tenemos el valor de llevar ese glam kitsch“–; segundo, el álbum no se concibe sin la novela homónima que Ros publicó el pasado mes de abril. Ambas creaciones entablan un “diálogo” y terminan planteando, con las canciones ya sobre la mesa, un concepto que bebe, por ejemplo, de aquellas películas “tan pop” de Jacques Demy o de discos como The Lamb Lies Down on Broadway, de Genesis. El sueño inevitable se hace presente. “Imagínate un musical, nosotros tocando en el escenario con los actores. Podría ser increíble”, comenta Senra.

Los personajes: “Abba es una chica que tiene talento para la música, pero no para vivir”, comenta Ros. A su lado caminan Hugo, con “mucho más talento para autodestruirse”, y Domènech, “clave” en la trama. Y junto a ellos, Sidonie se embarca en un “viaje” literario y sonoro que ha costado un esfuerzo ímprobo “en un contexto nuevo para todos“, dice Pi. El lanzamiento del disco se tuvo que posponer de primavera a octubre y cambiaron de estrategia. Adelantaron cuatro sencillos y le dedicaron “muchas horas a que los vídeos molaran”. Todo para que no se produjera la temida desconexión con los seguidores. Ha sido, respira, “una liberación muy bestia”.

68 minutos: es lo que dura el disco. “¿Quién los tiene hoy?”, se pregunta Ros, mientras reconoce que a él le gusta escuchar los álbumes enteros, con auriculares, tumbado en el sofá. Aun así, advierte de que “lo de sacar singles sin que haya un disco detrás”, como sucede en los últimos años en la industria, “no es de ahora”, sino de los 60. “Lo hacían los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks, todos”, apostilla Senra. El regreso de Abba, sigue Ros, “está lleno de enlaces musicales, momentos instrumentales, con una estructura muy bien pensada, muy bien trabajada” que llama a dejarse llevar por sus surcos.

1997: llevan juntos en esto 23 años. “Siempre hemos querido hacer discos distintos por el miedo a repetirnos y porque somos inquietos”, asegura Pi. No creen haber dejado nada atrás, pero les gusta “probar cosas nuevas” y conservan la “espontaneidad” en los directos; ahí están en su salsa. “Para nosotros la parte visual es muy importante, en los videoclips, en cada post de Instagram y en un espectáculo encima de un escenario“, añade Ros. “Una vez, en Menorca, fuimos a hacer el bis, nos encontramos unos trajes de faralaes y nos los acabamos poniendo”, evoca Senra. “Eso sigue ahí, no se ha perdido”.

La música: les ha salvado, admiten, de la incomunicación, la soledad y los complejos. “A mí me ha ayudado a entender el alma del ser humano, a no encerrarme en casa, me ha hecho viajar“, explica el cantante. Los tres se sienten familia, hablan de su “hermandad”, de su admiración mutua y de su “bonita amistad”. Ahora es momento, sin embargo, de salvar a la propia música, aplastada por una cruenta pandemia, “no dejando de cuidarla, respetarla y dignificarla”, dice Pi. “Nuestra responsabilidad consiste no en lamentarnos, sino en seguir empujando y luchando sin parar”.

El grupo, durante la entrevista con ’20minutos’.
JORGE PARÍS

Mucho más allá: aunque Sidonie sea un grupo de pop que vende “hedonismo y frivolidad”, afirma Ros, no dejan de colocar en muchos de sus temas ideas para meditar. Ahí están Maravilloso, de 2018, que hablaba del turismo de masas en Barcelona –“una reflexión mientras tú puedes mover el ‘cucu’”– o Verano del amor, en este último trabajo, donde recurren a la técnica de los acordes mayores –”los menores son tristeza y los mayores son alegría”– para contar el calentamiento global. Son las que llama el músico esas canciones “engañosas” del grupo, que le encantan.

Vértigo: reconoce Ros que la sociedad “va a la velocidad del story de Instagram” y, aunque tanto él como sus compañeros son entusiastas de esta red social, confiesa que necesita otro ritmo, que prefiere ver crecer las plantas, como decían en Hollywood que era la Nouvelle Vague. “Una película posterior a 2003 me estresa. Tengo que ver planos más largos”. Por eso, aunque ya lo hayan probado, todavía no les convence TikTok. “En cualquier caso”, setencia Pi, “todo es interesante. No se puede desprestigiar algo que está teniendo éxito y adonde acude gente joven y mayor”.

Otros lugares: The Beach Boys, The Birds o The Velvet Underground son algunos de esos grupos que escuchan para escapar. “Hay canciones que te llevan a un lugar, a una determinada hora del día, a una imagen concreta. Y eso es muy bonito”, asegura Senra. El disco, explican, tiene mucho de eso. “Empieza y acaba con una ola. Es una invitación a que te vayas a la playa con nosotros”, dice Ros. También hay un tema, al fin, en catalán, Portlligat. “Es muy chulo cantar en la lengua con la que hablas con tu madre”, cree el cantante. Repetirán seguro.

The End: son de combinar autoestima alta y humildad y no de dar consejos. Aun así, ahí va uno de Ros a los artistas jóvenes: “No se os ocurra escribir una novela y hacer un disco al mismo tiempo. Es muy loco”.



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