Nueve detalles a los que prestar atención para evitar que la rutina enfríe una relación de pareja


Ya sea por el paso de los años, las obligaciones diarias o la crianza de los hijos, la rutina es uno de los grandes problemas que pueden instalarse en la vida de una pareja para quedarse a vivir de forma indefinida si no se toman medidas a tiempo. Evitar que se enfríe la relación a causa de ella es posible, siempre que se preste atención a las señales que nos envía el otro, a las propias carencias que manifestamos y abordando determinados aspectos de la relación que debemos cuidar para evitar que el aburrimiento y la falta de comunicación acaben haciendo mella. Estas son nueve claves que debemos potenciar:

Sincerarse

Si uno o ambos miembros de la pareja perciben que la monotonía, la rutina y el aburrimiento están cambiando el rumbo de la relación, hay que abordar el tema cuanto antes. Obviarlo solo conseguirá que el problema acabe por enquistarse y que la solución sea más complicada. Sentarse, sincerarse y exponer las sensaciones y sentimientos de cada uno es el paso principal para iniciar el cambio.

Conversar todos los días

No hay excusa posible para no hacerlo. A pesar de las obligaciones, el trabajo, las tareas domésticas, las actividades con los hijos, el gimnasio, los recados… hay que reservar un espacio al día para compartir tiempo juntos, conversar con calma e intercambiar impresiones: ya sea de asuntos triviales, planes a corto plazo, proyectos de futuro, un próximo viaje o algún sueño por cumplir.

Reservarse espacios propios

Aunque pueda parecer contradictorio, reservar espacios de tiempo para estar sin la pareja también ayuda a mejorar la dinámica entre sus miembros. Es la mejor manera en que cada uno se realice y desarrolle de forma independiente aquellas aficiones que no comparte con su media naranja, de romper con la dinámica encorsetada de la vida familiar y proporciona un tiempo de autonomía para evadirse de las rutinas.

Actividades conjuntas

Una escena cada vez más repetida, la de personas que comparten mesa y optan por usar el móvil a la vez para conectarse a servicios como redes sociales y mensajería instantánea.

Igual de importante que reservar espacios para uno mismo es compartirlos con la pareja. Una asignatura obligada para la que hay que buscar tiempo en la agenda, al igual que lo reservamos para los hijos, el trabajo o las tareas domésticas. Buscar siempre actividades que interesen a las dos partes o bien que nos apetezca descubrir al lado del otro: una escapada de fin de semana o puente, conocer algún nuevo restaurante, practicar algún deporte de riesgo o darle gusto al cuerpo y la mente realizando un circuito termal.

Mimar los pequeños detalles

Muchas veces las cosas pequeñas son las que más satisfacciones nos reportan: un whatsapp en horario laboral para decir ‘te quiero’, ir a recogerle a la oficina por sorpresa, una cena improvisada fuera de casa entre semana o prepararle la cena si se ha traído mucho trabajo a casa…

Dejar espacio a la espontaneidad

Si ya de por si son rígidas las obligaciones diarias: horario de trabajo y colegio, planning de actividades de toda la semana… no hagamos lo mismo con la vida de pareja. Dejemos espacio a la espontaneidad, el factor sorpresa y los planes improvisados: sexo por qué nos apetece, un viaje en noviembre porque hoy es hoy, un regalo inesperado… Cuanto más receptivos estemos a los cambios y los actos espontáneos, mejor mantendremos a raya la rutina.

Metas comunes

Una pareja besándose.

Independientemente del esfuerzo personal de cada uno por desarrollarse en el ámbito profesional, una manera de romper con las rutinas y fortalecer la relación podemos encontrarla en las metas comunes. Pueden ser desde objetivos sencillos a proyectos largo plazo: entrenar para correr una maratón juntos, ponerse el propósito de comer más sano este año, remodelar una habitación del piso o ahorrar para comprar y reformar esa casa de campo con la que siempre habéis soñado.

Mantener la chispa

Y no nos referimos exclusivamente a la sexual sino al intercambio diario de cariño: un abrazo, un beso de bienvenida o despedida, echarnos el brazo por el hombro en el sofá, hacernos cosquillas… El contacto físico aporta calidez a la relación y nos recuerda por qué estamos juntos.

Alto voltaje

Romper con las rutinas en el plano sexual también puede aportar una dosis nueva de energía a la pareja: buscar nuevos espacios para practicar sexo, probar nuevas posturas, llevar a cabo una fantasía del otro, ponerse algo que resalte nuestro lado más sexy, potenciar los juegos preliminares…



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