Morat, siempre en busca del ritmo perfecto


Están tan ocupados que el único momento que tienen para hablar de temas importantes para su carrera es “un trayecto de van”. Desde que lanzaron en 2015 Mi nuevo vicio y, después, Cómo te atreves, lo de Morat ha sido una luna de miel sin pausa. “Llevamos casi tres años de cien conciertos de promedio anuales”, comenta Juan Pablo Isaza (guitarra y voz), el del sombrero. Por eso y porque se declaran “perfeccionistas” están grabando su nuevo disco -“más rockero”- poco a poco, aunque ya tienen listos cinco temas. Mientras tanto, no dejan de convocar al público: en diciembre cerraron gira en Madrid en plena Cumbre del Clima con llenazo. España es ya su segunda casa.

El ritmo de trabajo es fuerte. “Parte de lo que nos estamos planteando para 2020 es buscar espacios para poder despejar un poco más la mente”, explica Isaza. Y eso que, según confirma la banda colombiana a 20minutos, este año volverán a Estados Unidos “a picar piedra”. Son conscientes de que el tipo de música que hacen, “en cierta forma, no es tan apetecido por el mercado” allí, pero van a por todas. “El reguetón domina, siento que en las radios están poniendo Nicky Jam siempre. En Miami es una cosa loca”, añade el músico. El resto asiente. Se arropan, se llaman “familia”. Su buen rollo en el escenario es contagioso.

“Enfrentarse a todo esto como grupo tan grande lo hace mucho más llevadero”, comenta Martín Vargas (percusión), el más joven y hermano de Simón (bajo), el de las gafas. “Más allá del trabajo, la amistad se conserva y es la base de la banda, cien por cien”, añade. Admiten sus momentos de bajón, “como todo el mundo”, pero son los menos. Y saben que crecerán y que sus vidas cambiarán, sin embargo, no les asusta. “Llegará un momento en el que uno se quiera casar, querrá tener un hijo… pero siempre hemos sabido que esto es inviable si no se va al ritmo en el cual todo el mundo se sienta cómodo“, dice Juan Pablo Villamil, Villa, (guitarra, bajo y voz).

Entonces hace su aparición en la entrevista el OP-Z,un sintetizador de pequeño tamaño que Simón saca del bolsillo. Siempre buscando sonidos. “La gente no se imagina las formas en las que uno puede empezar a componer”, explica Isaza, “ayer Martín empezó a hacer así [mueve las manos] y nos dijimos ‘está bueno ese ritmo’; Simón lo metió en uno de sus aparatitos, lo empezó a grabar y nosotros empezamos a pensar en cosas”. Cuando se les pregunta de qué canciones están más orgullosos, salen los nombres de Cómo te atreves, 11 besos y Presiento, que cantan con la exconcursante de Operación Triunfo Aitana.

Otro de sus éxitos recientes es ¿A dónde vamos?, lleno de guiños a Madrid, ciudad en la que es “muy fácil enamorarse”, según Villamil. En ella compartieron piso y se refugian de vez en cuando para hacer cosas como “dar un paseo” o “ir de cañas”, uno de sus placeres adoptados. “En Bogotá es inviable. Esa cultura del uso del espacio público no se da tanto, incentiva que haya mucha vida en la calle”, señala Simón. Querían dejar escrito lo que sienten por Madrid, donde han tocado “en toda la gama de escenarios”. De su tierra también hablan largo y tendido en un momento “intenso”, el de “la movilización social más grande desde hace 30 años”.

“La manifestación ya refleja un cambio de mentalidad. Hay una conciencia política en Colombia que hace tiempo no había”

“Lo último que se movió así fue la Constitución del 91”, dice Simón. Consideran “legítimas y necesarias” las demandas del “paro nacional” y destacan que haya tanta gente joven en las protestas, que han apoyado distintos grupos y músicos. “La manifestación ya refleja un cambio de mentalidad. Hay una conciencia política que hace tiempo no había”, añade Villamil. Además, recuerdan, se han puesto sobre la mesa temas como el medio ambiente que el Gobierno del país “no ha tocado en ningún momento”. Al hilo de las palabras de Alejandro Sanz en la Cop25, de hecho, ven importante que las figuras públicas conciencien sobre el cambio climático.

Pero animan a hacer más. “Uno siempre puede tener una actitud más amigable con el medio ambiente en todo“, explica Martín, “en el último año como que me metí un poco más en el cuento y me di cuenta de que por lo menos en los conciertos en México y acá en general la cantidad de plásticos que se usa es ridícula”. Así, para empezar, han dejado de usar botellas de agua en sus actuaciones en el país centroamericano. Cuando comenzaron a tocar juntos en el colegio, sin metas ni ambiciones, ni siquiera se les pasaba por la cabeza que un día estarían hablando de esto. O de planear una gira, o de en qué lugar del mundo dormirían al día siguiente. “Siempre estuvo el sueño, pero no es nada parecido a lo que nos imaginamos”, apunta Simón.



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