Máximo Huerta: Máximo Huerta: “Mi aplauso para todos los canales y medios que estos días nos han ofrecido evasión”


Evadirse. Soltar lastre. En Con el amor bastaba (Planeta), Máximo Huerta fabula la historia de un niño que no encaja en la normalidad de los demás, que sabe volar y quiere ser libre. El periodista, que un día fue ministro y acaba de salir de TVE, se dice “melancólico”, pide “empatía” con el sector de la cultura y no pierde el tiempo: ya está escribiendo otra novela.

La novela tiene más buenos recuerdos que cosas tristes, sobre todo por los pequeños detalles. Sí, yo diría que es el imperio de los sentidos: hay aroma, tacto, sonido, sabor… Habla de la necesidad de ser feliz y de la importancia de ser nosotros mismos.

Juega con el mito de Dédalo e Ícaro. ¿La libertad es algo ficticio? Es necesaria, pero nos la cortamos. Sobre todo, porque tenemos miedo a qué van a decir los demás; nos pasamos la vida ocultando nuestras virtudes. En la novela reivindico el valor de la diferencia frente a lo que llaman normalidad: todos somos únicos, raros, como dice el hermano del protagonista. Es un canto a la aceptación y a la libertad desde la positividad.

A Elio, que vuela y le gustan los chicos, se le dice que tiene que ser normal, pero sus padres no son crueles. Los padres son claves. Con las mejores intenciones intentan ayudar, pero con las mejores intenciones también se puede destrozar una vida. A lo mejor, como ese lamento que es el título, con el amor bastaba. Es una trama en la que se destaca también una crítica social, cómo nos enfrentamos al que no piensa como nosotros, tiene otro acento… Ahí reivindico no solo la diferencia entre personas, sino hasta como país.

¿Se vio usted de adolescente en esa tesitura? Esta novela no habla de mí. Si hay algún reflejo autobiográfico, lo hay como en las novelas de todos los autores. Pero creo que todos hemos sido el protagonista de esta historia. Y el miedo es la peor de las barreras, nos impide volar. Todos, en algún momento, nos hemos sentido extraños.

Máximo huerta

  • Utiel (Valencia), 1971. Periodista y escritor

Editó y presentó informativos en T5 y Canal 9 y copresentó ‘El programa de AR’. En TVE, hizo ‘Destinos de película’ y ‘A partir de hoy’, recientemente cancelado Fue ministro de Cultura durante solo siete días con Pedro Sánchez: dimitió al conocerse que había defraudado más de 200.000 euros.

Francia es una constante en usted. ¿Se imagina retirado allí cuando sea mayor? El lugar no es solamente la geografía, es un espacio mental. En este caso, la Provenza me parecía especial porque tiene mucho de rural y con esa magia que despliega la lavanda. Ya me retiré a Francia siendo joven: cuando me fui de El programa de AR me fui a vivir a París un tiempo. Es un lugar que me gusta hasta cuando llueve, culturalmente, y además lo relaciono con unas tías emigrantes que tenía, que cuando venían de allí siempre lo hacían con otro carácter, otra cara, otros bombones, otra ropa.

Escribir novelas y pintar acuarelas allí sería un buen plan. Pues me parece un plan estupendo. Ahora muestro más las acuarelas porque en el confinamiento, al final, muestras hasta las radiografías. Pero pintar es algo que he hecho siempre y escribir, también. Como plan de vida, París, libros y acuarelas lo veo perfecto.

Ha dicho que la cancelación de su programa en TVE le parece “injusta”. ¿Cree que hace falta más valentía en las cadenas? Creo que hay que apostar por la evasión. Los seres humanos necesitamos salir de la realidad inmediata en la que estamos. Hay arriesgar, creo que eran más valientes en los 80 y los 90. Mi aplauso para todos los canales y medios de comunicación que durante estos días también nos han ofrecido evasión, aunque fuera ver un acantilado en una playa. No podemos estar todo el rato viendo datos.

Carlo Frabetti, de ‘La bola de cristal’, me contaba cómo en aquella época hacían casi lo que querían, hasta que les cancelaron. Eran demasiado modernos.

Los que crecieron con aquello no han salido tan raros. O sí. Ser raro es ser especial. Todos tenemos que liberar nuestro don, nuestra forma de ser. El mundo es más divertido cuando es más diverso. Y los medios, los teatros y los países.

“Como periodista me tocó cubrir hechos tan importantes como una boda real o el 11-S, tengo la mochila llena”

¿Volvería a presentar un informativo? Estuve muchísimos años presentando, en Canal 9 primero -ahora se llama À Punt- y luego en Informativos Telecinco. Fue un gran periodo, lo disfruté mucho. Afortunadamente, como periodista me tocó cubrir hechos tan importantes como una boda real o el 11-S, tengo la mochila llena. Pero no es ya volver o no, sino si los demás me ven. En otro país no hay ningún problema con esto. Bueno, Pedro Piqueras presentó Espejo Público en Antena 3 y también está Juan Ramón Lucas… Hay que ser abiertos de mente y osados, perder la vergüenza y tener menos prejuicios.

Estamos en un momento difícil, imagínese si siguiera en el Gobierno. Cuando acepto una responsabilidad, la acepto con todas las consecuencias, ya sea presentar un programa, dirigir un ministerio o preparar una cena de amigos. No entra en mi cabeza el decir ‘me he librado’. Creo que en este momento habría sido muy empático con la cultura, es lo que necesita. Van a ser los últimos en recuperarse y no hay que olvidar que han sido los que nos han entretenido durante todo este tiempo de una manera muy generosa.

¿Lo dice porque cree que falta empatía con el sector? No voy a dar el titular. Falta empatía entre todos, todos debemos recordar que en este tiempo lo que nos ha quitado horas de tedio ha sido la cultura. No voy a valorar gobiernos, porque creo que lo que sobra ahora es ruido. Todos debemos ser responsables y prudentes. Y yo, también.

Escribió la novela justo tras la dimisión. La idea estaba en mi cabeza hacía mucho tiempo, quería escribir una novela sobre la felicidad, la libertad y la necesidad de volar. Pero a los días de dimitir cogí el coche, me fui a la Provenza y alquilé una casita, porque sabía que ese escenario era bueno.

¿La política no es para cualquiera? La palabra cualquiera no me gusta, parece algo despectivo. Siempre he exigido que los políticos sean no profesionales, sino gente que ha trabajado, ha vivido y tiene experiencias. Me parece algo a reivindicar; y así debe seguir siendo.

“He aprendido de mi madre es que hay que ser prudente. Callar es importantísimo en muchos momentos”

Elio siente fascinación por su madre. Usted le dedica el libro a la suya. Me apetecía hacerlo y la quiero, aunque en la novela padre y madre hacen lo mejor por sus hijos. Mi padre era camionero y estaba más ausente, mi madre me enseñó a leer y a escribir antes de ir al colegio. Y a pintar. Es de justicia dedicárselo.

Y le enseñó a callar, dice. Sí, porque si hay algo que he aprendido de mi madre es que hay que ser prudente. Callar es importantísimo en muchos momentos. El valor de la palabra es gigante, pero el valor del silencio también. Hay demasiado exceso.

Su protagonista empieza a entender cuando dice: “Mi padre era un hijo”. En el momento en el que piensas que tu padre y tu madre también fueron niños, adolescentes, también se enamoraron, tuvieron errores… la mirada es muy distinta. Es muy importante imaginarse a los padres en nuestra edad y cuando fueron niños. Cuesta, pero hay que esforzarse.

Creo que está escribiendo mucho durante el confinamiento. Mucho. En el confinamiento he pintado, he llamado por teléfono y he escrito.

¿Nuevo libro? Nuevo libro. Hay una novela que triunfó muchísimo y sigue dando la vuelta al mundo, está en muchos idiomas. Ya me conozco a los personajes y el lugar y los tengo tan en mi mente que he decidido que voy hacer una segunda parte.

¿El escritor necesita soledad para ordenar ideas? Soledad y una rutina; escribir es un oficio. Periodistas y escritores somos lo mismo, porque todos los escritores hemos sido antes periodistas, hasta García Márquez. Y Larra y Delibes. Lo único que nos diferencia es la prisa. Yo trabajo en calma, me da igual por la mañana o por la tarde, en el sofá, el sillón o en la mesa de comer, no soy nada maniático. Necesito silencio, eso sí, pero lo consigo pronto, porque como vivo solo…

Aunque ahora la distracción está a un botoncito. El botoncito de silenciar es maravilloso, en todos los sentidos.

¿Cuándo supo que quería volar? Todos los días necesitamos volar, todos los días son nuevos. Soy melancólico, porque el pasado es lo único que existe, pero tengo una mirada al pasado desde la tranquilidad y con cero rencor, desde la medio sonrisa. Supe que quería volar cada día. Cada día nos toca reivindicarnos, las batallas nunca se acaban.



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