La pintura de Velázquez, Rembrandt y Vermeer rompe fronteras en el Prado


A la izquierda: ‘Menipo’. Diego Velázquez (1599-1660). Óleo sobre lienzo, 179 x 94 cm h. 1638. Madrid, Museo Nacional del Prado. A la derecha: ‘Autorretrato como el apóstol san Pablo’. Rembrandt van Rijn (1606-1669). Óleo sobre lienzo, 91 x 77 cm 1661. Ámsterdam, Rijksmuseum Amsterdam
CORTESÍA MUSEO DEL PRADO

Arte por encima de las fronteras y artistas más allá de nacionalismos. El Museo del Prado continúa la celebración de su bicentenario con una nueva exposición: Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines, dedicada a la pintura holandesa y española de finales del siglo XVI y del siglo XVII.

“Ni Velázquez, ni Vermeer, ni otros pintores de la época expresaron en su arte la esencia de sus naciones, como se ha afirmado frecuentemente, sino unos ideales estéticos que compartían con una comunidad supranacional de artistas“, explica Alejandro Vergara, comisario de la exposición y jefe de conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del museo.

Partiendo de esta premisa, la pinacoteca propone revisitar durante este verano y hasta el 29 de septiembre, el trabajo de varios artistas de ambos países y romper con ciertos estereotipos que se dieron por válidos durante los siglos XIX y XX y que aseguraban, por ejemplo, que el arte de Velázquez era “muy español” y el de Rembrandt “muy holandés”.

Con el Rijksmuseum de Ámsterdam como cómplice del proyecto, la exposición se compone de 72 obras procedentes de ambos museos y de 15 prestadores de solera como el museo Mauritshuis de La Haya, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nuea York.

Dejando a un lado los prejuicios nacionalistas, se anima al espectador a comparar los cuadros de grandes maestros como El Greco, Frans Hals, Ribera, Velázquez, Rembrandt, Carel Fabritius, Hendrick ter Brugghen, Murillo, Vermeer y otros pintores españoles y holandeses para reconocer que, más allá de la supuesta esencia nacional de cada pintor, hay unas ideas y unos planteamientos artísticos compartidos por toda esta comunidad paneuropea.

“Vermeer y Velázquez piensan de la misma manera porque comparten un espacio cultural común. No queremos afirmar que no existen diferencias, lo que queremos decir es que no hay tantas”, aclara Vergara. Y aunque estos dos artistas no llegaron a conocerse nunca, obras como La callejuela del holandés y Vista del jardín de la Villa de Médici en Roma del español, en las que aparece la fachada de un edificio, muestran miradas muy similares entre ambos.

Los espectadores también podrán apreciar numerosas similitudes entre personajes y trazos en obras dispuestas en pareja o por grupos como el Menipo de Velázquez junto a Autorretrato como el apóstol San Pablo de Rembrandt; o Marte de Velázquez con la Mujer bañándose en un arroyo de Rembrandt.

Otras conexiones son el afán de pintores holandeses y españoles del siglo XVII por humanizar los asuntos que pintaron – los dioses, santos o sabios antiguos eran personas de rasgos comunes que habitan espacios de aspecto cotidiano-, la representación de la moda y la preferencia por el color negro en la indumentaria – no solo la ropa sino las figuras, los gestos y los complementos guardan similitudes- o temáticas como las naturalezas muertas y los bodegones.



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