La educación, tema inagotable (II)


Ante todo, debo confesar que me complace mucho el hecho de que otros columnistas se aboquen también a abordar el tan importante tema de la educación en Venezuela. Eso evidencia que, sin distingos de profesiones  de ocupaciones ni de otras contingencias, sienten especial preocupación por la educación venezolana y, además, profundo afecto por el país al cual, desinteresadamente, desean ver crecer y desarrollarse económica social y culturalmente.

Por cuanto el tema resulta verdaderamente inagotable,  y toca a propios y a extraños, vuelvo hoy con el ánimo de apuntar otras consideraciones al respecto. Bien sabemos del esfuerzo que hacen los docentes en su propósito pedagógico de trasmitir a los educandos los  conocimientos  programáticos que, en cumplimiento de sus responsabilidades, aspiran sean fácilmente asimilados por estos. Para lograr éxito en ese loable proceso de enseñanza-aprendizaje se requieren, entre otros importantes factores: tranquilidad emocional, la mejor salud física y mental, alimentación satisfactoria, fácil transporte y, ¿por qué no paz en el hogar? Estas, tan deseadas condiciones, le son requeridas tanto a los docentes como a los alumnos para rendir satisfactoriamente en la común tarea educativa.

Por lo que respecta a los profesionales de la enseñanza, hay otro factor determinante y de mucho peso en cuanto a su estado de ánimo, es la pésima remuneración salarial que reciben, que se traduce en falta de estímulos, en una humillación que los priva mucho, pero mucho, de adecuada alimentación y de la necesaria tranquilidad emocional para  el trabajo. ¿No será una forma del régimen de ir contra la cultura? Y, de que nadie se sienta motivado a estudiar educación.

Sabemos que la vida es un preciado don que hemos recibido sin costo alguno y sin haberla pedido; de nuestra parte está la obligación de saberla vivir,   procurando en lo posible hacer el bien y dejar constructivos mensajes.

Cuando vinimos al mundo no traíamos nada, todo lo encontramos hecho. Entonces, estamos endeudados con  nuestros predecesores, pero como ellos ya no están, la deuda a saldar es con nuestra madre la naturaleza, con el presente y con el futuro. Al respecto, la Madre Teresa de Calcuta nos dejó un elocuente mensaje,  entendido como exigencia: La vida pasa una sola vez. Entonces, nuestra obligación es trabajar, y, ¿qué es el trabajo? Según el Diccionario Católico que trae la Biblia, trabajar es la aplicación de las energías intelectuales y físicas de los seres humanos para aprovechar los recursos de la Naturaleza ya sea en beneficio propio o de los demás, de la sociedad; y, para abundar más: el trabajo como función natural enriquece al hombre tanto en dones materiales como en los espirituales.

Igualmente, la Constitución nacional no se quedó atrás, lo consagró en el artículo 87 al establecer: “Toda persona tiene derecho al trabajo y el deber de trabajar” y, según San Pablo, el trabajo es una virtud. Volviendo a nuestra Constitución, “corresponde al Estado la muy seria responsabilidad de ocuparse prioritariamente de la Educación y de la salud de los venezolanos”. Estos dos elementos –hasta ahora no cumplidos por el actual régimen- son básicos para la eficiente preparación de nuestros líderes que, ojalá en un futuro muy cercano, habrán de tomar las riendas del desarrollo económico, cultural y social de nuestra gran Venezuela.

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