‘Invitadas’ controvertidas en el Prado


Quizá lo más confuso de esta muestra temporal sea su título: Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931). Es fácil pensar que en ella las protagonistas pudieran ser las pintoras. Pero lo cierto es que de las 130 obras expuestas tan solo 62 fueron firmadas por mujeres. También el cuadro elegido para la promoción, Falenas, pintado en 1920 por Carlos Verger Fioretti y en el que aparece una ‘mujer de compañía’ de la época, ha suscitado algún reparo. ¿Son estos los recursos más eficaces para reivindicar la visibilidad de mujeres artistas en los espacios culturales? Presentarlas en calidad de convidadas o ilustrarlas como prostitutas, ¿es de verdad efectivo? Probablemente, no, pero esos tropiezos no invalidan la propuesta.

Carlos G. Navarro, comisario de la exposición, aclara a 20minutos la misión del proyecto: “No es una exposición colectiva de mujeres artistas, ni un análisis de los arquetipos de la mujer española. Es una revisión crítica sobre la imagen y la consideración de la mujer en el mundo del arte y el sistema artístico español del siglo XIX. Por eso, Invitadas es un título que se ajusta a esa posición: pueden estar siempre que sea de manera pautada y atendiendo a las normas, parecidas a las del urbanismo decimonónico, que señalaban cuándo tenían que llegar y cuándo irse”.

Desde el reinado de Isabel II y hasta el de su nieto Alfonso XIII, el Museo del Prado cumplió una función relevante en la creación y consolidación de una escuela española moderna de arte. A través de Invitadas, la institución trata de explicar, según Navarro, “cómo se codificó el imaginario machista del siglo XIX a través de imágenes que fueron validadas por el estado. También a través de comportamientos con las mujeres, pero en particular con las artistas, a la hora de ser insertadas en el sistema artístico español público. Es decir, qué papeles se les dieron, con qué forma se reconoció su trabajo y con qué formas no se reconoció. Es un recorrido, en ese sentido, doble. Por este motivo, la mitad de la exposición son obras hechas por hombres y la otra mitad, por mujeres”.

¿Qué estereotipos femeninos se difundían entonces a través de las artes visuales? ¿De qué manera eran retratadas las mujeres de la época? Con Invitadas descubrimos imágenes violentas en las que aparecen niñas sexualizadas, esclavas maniatadas, puestas en venta o castigadas, así como modelos llorando porque son forzadas a posar desnudas. “Las obras codifican perfectamente la ideología de la época”, cuenta el comisario. 

“Lo sabemos por los premios, por la normalidad con la que se insertaron en las colecciones públicas del Estado y por las críticas absolutamente favorables que tuvieron. Si buscas las críticas del momento, lo que vas a encontrar es terrorífico, porque nadie tose ante la sexualización de las niñas. Lo que nos encontramos son consideraciones sobre sus valores estéticos y la belleza del argumento. Fueron obras legitimadas por el establishment de la época, algunas absolutos éxitos, y con las que ahora nosotros tenemos una relación muy difícil, por lo que no me sorprende que resulte polémica para algunos visitantes, pues son imágenes que para nosotros representan una crisis moral. Pero, en realidad, a lo que estamos viajando es a los orígenes de nuestro propio pensamiento moderno”.

‘Las hilanderas (copia de Velázquez)’, de Alejandrina Gessler de la Cruz
MUSEO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

A la confusión suscitada por el título y por la obra elegidos para promocionar la exposición se sumó, pocos días después de su inauguración, un nuevo y espinoso episodio: el cuadro elegido para abrir la muestra, en un principio identificado como Escena de familia, de Concepción Mejía, es, en realidad, según las evidencias proporcionadas por la historiadora Concha Díaz Pascual, La marcha del soldado, de Adolfo Sánchez Megías. Una vez retirado por la pinacoteca, queda preguntarse por el sujeto que nos ocupa: las artistas españolas de finales del siglo XIX y principios del XX cuyas pinturas recoge la muestra. 

Carlos G. Navarro comparte sus imprescindibles: “Teresa Nicolau, a pesar de ser mujer y miniaturista, lo que implica ser la minoría dentro de la minoría, es excelsa como artista. También Antonia Bañuelos es para mí una de las grandes pintoras del siglo XIX, en mayúsculas, aunque yo solo he sido capaz de traer, condicionado por los parámetros económicos que teníamos, una única obra suya a la exposición. En cuanto a las bodegonistas, me decanto por María Luisa de la Riva y Julia Alcayde y Montoya. Por otra parte, Elena Brockmann tuvo el mérito de intentar la figura desde el principio, ser pintora de historia, aunque no lo consiguió, pues fue rechazada, pero sí se abrió camino con escenas con figura humana, que era probablemente el reto más duro al que se enfrentaba la mujer como creadora en el siglo XIX”. 

Para poder disfrutar de sus obras, la exposición, que cuenta con un gran catálogo, estará abierta al público hasta el 14 de marzo de 2021.



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