El multimillonario que quería morir en la ruina ya está arruinado


Son varios los millonarios cuyos nombres han sido vinculados a notables actos de filantropía, que contribuye al despegue de proyectos sociales y que termina salvándole la vida a muchos. Warren Buffett, Bill y Melinda Gates destacan cada vez que los diarios se refieren a este tema. Pero hay alguien que prefiere el bajo perfil, salir poco en las fotos, pero cuya labor cediendo una buena parte de su capital no tiene comparación con las de sus compañeros de fortuna.

Es Charles “Chuck” Feeney, quien se hizo millonario tras la creación en 1960 del concepto de ventas “duty free” y de la cadena Duty Free Shoppers, con establecimientos en cientos de aeropuertos y centros comerciales de todo el mundo, y que se comprometió con donar en vida la mayor parte de su patrimonio, tanto que al final moriría en bancarrota.

Pionero de la tendencia de las donaciones entre los más acaudalados del país, “Chuck” Feeney aclaró en su momento que su dinero no iría a parar a una fundación para ser redistribuido tras su muerte. Prefería donarlo en vida y disfrutar viendo cómo cada dólar sumaba y aliviaba a alguien. Por eso su concepto se llama Giving While Living (Dar mientras viva).

Esta semana Steven Bertoni, editor de la revista Forbes, ha querido rendirle homenaje a este hombre de 89 años que ha llevado una vida “tan frugal como un monje” y que acaba de ver cumplido su sueño: haberlo donado casi todo para quedarse con lo justo para vivir, hasta que su vida se apague.

“Aprendimos mucho. Podríamos haber hecho algunas cosas de otra manera, pero estoy muy satisfecho”, declaró Feeney para Forbes. “Me siento muy bien al cerrar este ciclo bajo mi supervisión”.

Chuck Feeney preparándose para una entrevista en el apartamento de su hija en Nueva York en septiembre de 2007. (Foto: Liz O. Baylen/Los Angeles Times via Getty Images)

Donar sin pregonar

Más de ocho mil millones de dólares han salido de la fundación Atlantic Philanthropies, creada por Feeney, con destino a organizaciones benéficas, universidades y fundaciones en todo el mundo.

En su artículo, Bertoni cuenta que, cuando lo conoció en 2012, el multimillonario y filántropo de origen irlandés calculaba que había separado para sus días finales y los de su esposa la bicoca de dos millones de dólares. La otra gran parte había sido donada, nada menos que un 375.000% más que su patrimonio neto actual.

Pero ahí no se acaba la historia. Dólar tras dólar, cada donación había sido hecha de manera anónima, no como sucede con tantas figuras de las finanzas que pregonan a través de la prensa y las redes sociales sus actos benéficos.

A Feeney siempre le ha gustado hacer las cosas discretamente. Por eso, Forbes lo llamó el James Bond de la filantropía.

Vida discreta

Por lo demás, “Chuck” no abandona su vida austera y sigue viviendo en un apartamento en San Francisco, California, que, según Bertoni, más parece el dormitorio de un estudiante que acaba de llegar a la universidad.

Al periodista le llamó la atención que en una esquina, sobre una mesita, estuviera una placa donde se leía: “Felicitaciones a Chuck Feeney por los ocho mil millones de dólares de donaciones filantrópicas”.

Aun así, muchos poderosos saben quién es este hombre más que discreto. Fue su ejemplo el que motivó a Bill Gates y Warren Buffett para la creación en 2010 de Giving Pledge, una campaña intensa que buscaba que los más ricos del mundo cedieran al menos la mitad de sus fortunas antes de morir.

“Chuck fue una piedra angular en términos de inspiración para Giving Pledge”, declaró Buffett. “Es un modelo para todos nosotros. Me tomará 12 años después de mi muerte hacer lo que él ha estado haciendo en vida”.

“Chuck creó un camino para que lo siguieran otros filántropos”, evocó Bill Gates. “Recuerdo que lo conocí antes de comenzar Giving Pledge. Me dijo que debíamos alentar a las personas a que no dieran solo el 50%, sino tanto como fuera posible durante su vida. Nadie ha dado mejor ejemplo que él. Muchos me han contado cómo los inspiró. Es algo realmente asombroso”.

¿A dónde ha ido a parar el dinero?

La hoja de esta aventura de ruta ha sido más que variada: desde el proceso de paz en Irlanda del Norte, hasta la modernización del sistema de atención médica vietnamita (270 millones de dólares) o la conversión de la isla Roosevelt, en Nueva York, en un centro tecnológico, para lo cual Feeney donó 350 millones de dólares.

Feeney donó también 3.700 millones de dólares para la educación, entre los cuales se cuentan mil millones para la universidad donde se formó, Cornell. Otros 870 millones se destinaron a la preservación de los derechos humanos y el cambio social, mientras 62 millones se convirtieron en subvenciones para financiar la batalla contra la pena de muerte en el país.

Además, 76 millones de dólares sirvieron para las campañas de base en apoyo al Obamacare y otros 176 millones fueron entregados al Global Brain Health Institute de la Universidad de California, en San Francisco.

“Veo pocas razones para retrasar las donaciones cuando se puede lograr tanto bien apoyando causas valiosas”, declaró nuevamente para Forbes en 2019. “Además, es mucho más divertido dar mientras vives que hacerlo cuando ya hayas muerto”.

Este 14 de septiembre, Charles “Chuck” Feeney dio por completada su misión y firmó los documentos del cierre de Atlantic Philanthropies, un proyecto que implicó a 300 empleados en diez oficinas a lo largo y ancho de todo el planeta.

Llevada a cabo a través de Zoom y en medio de una pandemia trágica, la ceremonia incluyó mensajes en video de Bill Gates y del exgobernador de California, Jerry Brown. Además, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, le hizo llegar una carta oficial del Congreso de los Estados Unidos agradeciendo a este hombre por su incomparable generosidad.

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