El equinoccio de otoño y el mito griego de Perséfone


La joven Kore pasea por el campo con algunas ninfas. Recogen flores cuando de una grieta surge Hades, su desconsiderado tío (hermano de su padre Zeus). Hades la lleva a la fuerza consigo bajo tierra. La hará su esposa y reina de los muertos. Hécate, la oscura hechicera, da la alerta a Deméter, madre de Kore, que amenaza con dejar la tierra estéril para siempre si su hija no vuelve sana y salva.

Abandona desolada el Olimpo, busca a su hija y, en su camino desesperado, todo se agosta: la tierra deja de dar vida. Zeus, asustado, pide a Hermes, el mensajero divino, que disuada al tenebroso Hades: si no aplaca a la enfurecida Deméter, la falta de alimento puede acabar en la extinción de los humanos. ¿Quién, entonces, venerará a los Olímpicos? Hades acepta con la astuta imposición de un ayuno: Kore volverá a la luz, pero debe abstenerse de comer durante su estancia en el reino subterráneo. 

El tenebroso Hades notifica a Kore que puede regresar con su madre, a vivir bajo el sol. Inapetente hasta entonces por la angustia, la joven, exultante tras la buena nueva, acepta, agradecida, cuatro jugosos granos de una granada que Hades le ofrece. El trato queda así invalidado y se reinicia el ciclo de congojas.

Media Zeus de nuevo y Hades negocia otro acuerdo con Deméter: Kore pasará un tercio del año -hay quien asegura que la mitad- en el inframundo y el resto con su madre, velando por la Tierra. Kore luminosa será, según los meses, Perséfone tenebrosa, diosa de los muertos. Deméter, mientras su hija esté con ella, restaurará la fertilidad; cuando regrese al inframundo, volverá la tierra a ser fría y estéril.

Entre el cielo, el infierno y la tierra

La versión más completa del rapto de Perséfone está en uno de los llamados Himnos homéricos (s. VII a. C.). Pero este mito visiblemente tiene sus raíces en la prehistoria, cuando, camino ya del neolítico, la humanidad descubre la agricultura. Kore será la asistente de Deméter en el ciclo que da vida al grano inerte: la joven diosa parece un personaje secundario, pero lo cierto es que, sin ella, Deméter no autoriza la fertilidad. Por eso Kore recibe honores y ejerce poderes en el cielo, en la tierra y en el inframundo. Es hija del rey de los dioses olímpicos y de la gran diosa agraria y esposa de quien gobierna el oscuro reino de los muertos.

Mediante Perséfone entendían las gentes de la vieja Hélade el cambio de las estaciones: cuando la diosa es Perséfone, el otoño y el invierno hacen de la tierra un páramo y de las simientes, entidades inertes en su seno. Mediante Kore, retornada al Olimpo con su madre, se comprende la segunda mitad del ciclo anual: el grano madura, el suelo florece, y todo germina y retoña en los prados verdes que visten la primavera y el verano. Más allá, si bien se mira, el mito habla de la pérdida y el retorno; y del gran misterio de la transformación: la metamorfosis perpetua, el ciclo sin fin de la vida: nacimiento, muerte, renovación.

Los misterios de Eleusis

La Antigüedad griega plasmó la esencia del mito en secretísimos rituales religiosos celebrados en el mundo mediterráneo durante más de dos mil años. Basados en cultos agrarios, los más famosos, y aún hoy ignotos, fueron los de Eleusis, cerca de Atenas. Indicaban la llegada del equinoccio otoñal y duraban nueve días, los que pasó Deméter buscando a su hija. La palabra equinoccio no es griega, sino latina: ‘aequinoctium’, la ‘noche equitativa’, pues dura tanto como el día. 

Este año sucede este martes, 22 de septiembre: el día y la noche tienen la misma duración en todas las latitudes del mundo, porque el planeta se sitúa de forma perpendicular al ecuador, la línea imaginaria que divide en dos a la Tierra. Comienza así el sosegado avance de la noche sobre el día. La gentil Kore empieza lentamente a ser la sombría Perséfone. Pero, tras aquel remoto pacto de Zeus con Hades, sabemos que, en unos meses, habrá recuperado su naturaleza nutricia y luminosa.



MÁS INFORMACIÓN

¿Deseas opinar sobre este artículo?
SiteLock
Facebook