Claves para desmontar mitos y malos usos de la suplementación deportiva


Dentro del mundo del deporte, el fitness y la alimentación saludable hay un elemento que siempre llama la atención, bien sea porque se desconocen sus beneficios o porque se tiene una idea equivocada sobre el. No es otro que la suplementación deportiva. 

“Normalmente, cuando se habla de suplementos deportivos se asocian al prototipo de persona que entrena musculación en el gimnasio y que se ayuda de ‘extras’. Esta imagen errónea hace que el público general no vea la suplementación como una opción para mejorar la salud“, explica Raúl Luzón, dietista y nutricionista deportivo en la Escuela de Salud Vive!.

Para este dietista, lo primero que hay que entender es que un buen uso de los suplementos deportivos se rige por las evidencias científicas. “Ahí entramos los profesionales de la alimentación para poder llevar a cabo ese tipo de recomendaciones con seguridad -aconseja Raúl-, ya que hay toda una amalgama de pseudo profesionales que no tienen la titulación que les permite dar consejos en este campo y que al final son las que acaban trasladando la información al público general”. Hechas estas primeras advertencias, ¿qué son los suplementos deportivos?

Raúl Luzón explica que se podrían clasificar en tres tipos de productos. Primero estarían los suplementos, que serían aquellos que servirían para suplementar una dieta con carencias (como en hierro, por ejemplo). Segundo, estarían los complementos a una alimentación que sería insuficiente para conseguir determinados objetivos, como las conocidas proteínas en polvo. Y, por último, estarían aquellas sustancias que ayudan a mejorar el rendimiento, conocidas como ayudas ergogénicas. 

La suplementación no solo ha de utilizarse en caso de hacer un determinado volumen deportivo, aunque sí que es lo más habitual. Pero, tal y como ha explicado Raúl, los suplementos pueden servir para cubrir carencias de la dieta o la nutrición, como el caso de las vitaminas o el hierro. Además, el uso de proteínas el polvo u otros productos puede tener un efecto saciante y así ayudar a mantener una dieta más estricta en caso de padecer ansiedad. 

¿Cuándo empezar a suplementarse?

“El salto a la suplementación se podría dar en cualquier momento y en ninguno”, afirma este nutricionista. Si con la alimentación se cubren perfectamente los requerimientos del organismo, no será necesario tomar ningún producto que nos ayude a conseguir los objetivos nutricionales planteados.

Pero también existe el caso contrario, sobre todo en lo que se refiere a practicidad: hay perfiles a los que les puede interesar el uso de suplementos porque no tienen tiempo disponible para organizar tantas comidas, porque quieren mejorar el rendimiento y hay ciertas sustancias que difícilmente se consiguen en las dosis necesarias a través de la alimentación… entre otros ejemplos. 

Antes de decidir incluir la suplementación en la dieta, hay que tener claro ante todo que se está hablando de una pirámide: su uso tiene sentido siempre que de base la alimentación sea buena y completa primero y que esté enfocada al deporte segundo. Entonces se puede llegar al tercer y último paso, que serían los suplementos. 

“Una vez entendidos estos conceptos, es importante contar con el asesoramiento de un profesional y detallar los objetivos deportivos que se quieren conseguir para crear un protocolo de suplementación con las evidencias científicas disponibles adaptado a cada caso particular”, detalla Raúl. 

Consejos para usar suplementos

Normalmente se suele comenzar por la ingesta de batidos de proteínas o recuperadores. Conforme se avanza se incluyen otros productos como la creatina, que es uno de los productos más estudiados, hasta otros más específicos como el jugo de remolacha, cafeína… 

Raúl Luzón explica los siguientes consejos y advertencias para incluir la suplementación en la dieta de manera segura:

  1. Estar asesorados por un nutricionista especializado en nutrición deportiva. 
  2. ​Comer bien y tener una buena nutrición desde la base. 
  3. ​Utilizar los suplementos con evidencia científica demostrada. 
  4. ​Entrenar adecuadamente.
  5. ​Tener claros los objetivos deportivos que se quieren conseguir. 

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