Intensidad y belleza en la noche de la Filarmónica de Viena y Gustavo Dudamel


El primer gran concierto de la temporada 2018 estuvo a cargo de la Filarmónica de Viena y del maestro venezolano Gustavo Dudamel

Primero fue el caos … filas de más de 100 metros para ingresar a cazuela, tertulia, galería y paraíso, demoras en los ingresos que trajeron como consecuencia el comienzo tardío del concierto, un programa de mano sin comentarios de las obras … ; pero por suerte, estos desvíos de las muy buenas condiciones organizativas habituales del Teatro Colón, no alteraron el desarrollo de la esperada presentación de la legendaria orquesta Filarmónica de Viena y de su mundialmente reconocido director invitado Gustavo Dudamel.

El doble programa Brahms de la primera parte conformado por la “Obertura para un Festival Académico” y las “Variaciones sobre un tema de Haydn”, nos permitió apreciar una orquesta de líneas perfectas en todas sus formaciones instrumentales, que nos hizo reflexionar respecto del alcance de la participación de un director invitado para dirigir una gira de 11 conciertos a los largo de 5 países durante 16 días. La estética de los detalles es la respuesta, la perfección del ensamble y la bella musicalidad de los pianísimos de vientos, cuerdas y percusionistas en la primera de las obras, y el equilibrio de los concertantes de la segunda, fueron algunos de los motivos que justificaron su intervención.

La segunda parte del concierto nos permitió apreciar una intensa ejecución de la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, que coincidentemente con las emotivas descripciones realizadas por el propio compositor, que consideraba la crueldad del destino como el tema central de la obra, fue excelentemente descripta por los metales de la Filarmónica de Viena en el impactante comienzo del primer movimiento, que concluyó en un dramático y apasionado desarrollo del tema central sostenido por la línea de cuerdas agudas y la precisión de los vientos, que pusieron en sonido los sufrimientos de un Tchaikovsky que concebía este fragmento como “la fatalidad del poder incontrolable que nos frena en la persecución de la felicidad y nos impide alcanzar la meta”.

Retomando la pregunta que formuláramos al comienzo de este comentario respecto del rol del director de orquesta, cabe destacar que si bien toda la sinfonía tuvo el sello de autor del maestro Gustavo Dudamel, su marca registrada estuvo en el sentimiento de melancolía concebido por las cuerdas en el Andantino, que nos sumergió en un conmovedor ambiente muy cercano a “la soledad y el silencio de la noche luego de una jornada de extenuante labor” , soñada por el compositor.

Al finalizar la función, el público premio efusivamente a los intérpretes con una gran ovación, recibiendo a cambio dos bises: el vals del Divertimento para orquesta de Leonard Bernstein y una polka vienesa. Excelente espectáculo (Teatro Colón, 10/3/18).

By Pablo Fiorentini para Radio Mitre y Cienradios
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