¿Hay algo que una impresora 3D no pueda crear en un futuro?


Impresoras 3D

Los especialistas en bioimpresión 3D diseñarán tejidos y piezas biológicas.
GTRES


Una noche de marzo de 1983, el ingeniero Chuck Hall consiguió imprimir una pequeña copa de plástico negro con un nuevo método creado por él… Aquella madrugada creó lo que denominó como estereolitografía pero lo que no esperaría este estadounidense es que, 30 años más tarde, su invento causara verdadero furor por todo el mundo.

A día de hoy, su impresora 3D está cambiando la forma en la que creamos todo: desde juguetes y coches, hasta casas y sin olvidarse de su inestimable ayuda para la medicina. Desde su invención, este artilugio ha abierto un universo en tres dimensiones de infinitas posibilidades. ¿A qué se debe esto? Según decía su creador, a la mejora de los materiales y de la tecnología además de la reducción del propio precio de la máquina.

En un comienzo, los materiales se rompían con facilidad y la química no estaba tan avanzada como en la actualidad. Sin embargo, esta mejora ha conseguido que ahora se puedan crear plásticos realmente buenos y duros aunque, los materiales no se quedan ni mucho menos ahí… la variedad de estos también se ha multiplicado, hasta tal punto que se puede crear comida, coches y hasta casas. Es decir, se pueden satisfacer las necesidades básicas con este aparato.

Medicina, alimentación, arquitectura 3D…

Todavía queda mucho por recorrer pero lo que está claro es que ha redescubierto la forma de crear. Sin ir muy allá, se puede crear hasta sushi si te apetece. Así es, puedes acceder a una plataforma de comida digital y desde ahí descargar la comida… suena un poco raro pero es posible, la máquina de Open Meals imprime en 3D pequeños cubitos hechos de un gel comestible al que les van inyectando sabores, colores y nutrientes hasta conseguir igualar el aspecto y sabor de una pieza normal de sushi. Eso sí, la pieza tiene forma pixelada… no todo podía ser igual a la realidad.

Su utilidad en el mundo de la medicina es uno de sus fuertes. Prótesis, medicamentos, tejidos e, incluso, órganos… estos son algunos de los avances que ha conseguido en sanidad. De hecho, recientemente el Hospital del Mar en Barcelona ha usado la impresión 3D en radioterapias para el tratamiento del cáncer de piel. Este método supone un gran avance ya que, para tratar esta enfermedad, debe fabricarse un molde de la zona del paciente que será irradiada. Antes, haciéndolo de forma manual, el resultado era mucho más inexacto pero con esta impresión se consigue un ajuste perfecto.

¿Qué quieres una casa? También se puede y además, en 24 horas. Esta tecnología también apunta maneras en el sector de la construcción, la empresa ICON ha decidido construir viviendas impresas en 3D en El Salvador para combatir la pobreza del lugar. En este caso, las casas están hechas de cemento por la seguridad de sus habitantes y tienen un coste de tan sólo 4.000 dólares por lo que tiene pinta de que habrá más compañías que se sumen a la idea.

El mundo del automóvil es otro de los sectores a los que ha llegado este método. Hasta ahora, con el 3D se habían fabricado piezas por separado pero nunca un coche como tal. Sin embargo, la compañía china Polymaker ha sido la pionera en esto creando el LSEV, un automóvil que llega a alcanzar los 70 km/h. Sus creadores aseguran tener unos costes un 70% menores que sus rivales y además, se tarda en fabricar bastante menos que una casa, en tres horas está listo para usar. ¿Su precio? Unos 8.500 euros, dependiendo de los extras claro.

Es difícil discernir acerca del futuro que le aguarda a esta tecnología pero, teniendo en cuenta todo lo que ha avanzado en los últimos tiempos, lo que es seguro es su presencia en el ámbito creativo y de fabricación. ¿Habrá algo que no pueda crear en el mañana? Veremos con qué nos sorprende.



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