Esquizofrenia: el riesgo es rendirse


La esquizofrenia incrementa el ratio de mortalidad tres veces
GTRES


La esquizofrenia incrementa el ratio de mortalidad tres veces, sobre todo en las primeras etapas, debido fundamentalmente a los suicidios cuando la persona afectada se cansa de luchar contra la incomprensión, la autoestigmatización e incluso la incapacitación laboral.

Es por lo que pasó Antonio García hace 17 años, cuando con 30 le diagnosticaron esquizofrenia y a los 33 tuvo que causar baja en la Guardia Civil porque era un grupo de riesgo en el que no contaban con puestos adaptados. Su mujer le pidió el divorcio mientras su familia no le daba importancia a la enfermedad.

“Yo me cansé. No quería seguir viviendo”, reconoce con motivo de la reunión que esta semana han mantenido en Zaragoza representantes de veinte entidades de salud mental en España para actualizar conocimientos en torno a esta patología, que ha sido organizada por la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (ASAPME), de cuya junta directiva Antonio forma parte.

Cuando le diagnosticaron la esquizofrenia se sentía enfermo, pero “ahora no” gracias, precisamente, a la labor de la asociación, que le ayudó a recuperar la funcionalidad y a enfrentarse a la vida y le ha hecho sentirse “más realizado que antes”, tener relaciones sociales y no quedarse aislado.

Por eso, anima al resto de enfermos a que no se cansen de luchar, a afrontar la vida con cierto grado de optimismo, a salir adelante y a buscar apoyos de asociaciones y familia, así como un ambiente confortable.

Porque “la vida social no agresiva, tranquila, está demostrado que es un factor medioambiental que evita la vulnerabilidad”, como puso de manifiesto durante su intervención en la reunión la doctora en Biología y licenciada en Medicina e investigadora principal del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), Lourdes Fañanás.

Fañanás también incidió en su ponencia en la influencia de los factores ambientales para desencadenar la enfermedad en las personas con predisposición genética.

Así, Antonio García recuerda cómo en la época del conflicto terrorista en el País Vasco, en un contexto de máxima tensión para la Guardia Civil, se producían brotes psicóticos.

Aunque no aporta estadísticas, asegura que éste es un cuerpo que presenta “más casos de trastornos paranoides y esquizofrenia” derivados del estrés.

García también respalda las advertencias de la gerente de ASAPME, Ana López, sobre el riesgo que suponen las informaciones que se vierten en la red debido a la falta de conciencia que tienen estas personas sobre su enfermedad, pero también por la “desinformación” de las familias, que en su caso supuso que en principio no le dieran la importancia debida.

“Ahora mi madre me entiende”, resalta, y por eso apela a los sentimientos: para que los afectados “se sientan queridos”.

Un asunto de Bioética

Es de esta cuestión de la que se encarga la bioética, una de las “patas” del trípode sobre el que se asienta en la actualidad el tratamiento, no solo de la esquizofrenia, sino de las enfermedades mentales.

“Los fármacos alivian los síntomas, pero sin apoyo psicológico y social” el tratamiento no funciona, señala el psiquiatra Tirso Ventura, profesor de la Universidad de Zaragoza y miembro del Comité de Bioética de Aragón, quien en el reciente encuentro habló sobre los factores relevantes para la recuperación de la esquizofrenia.

La esquizofrenia, recuerda, es una enfermedad “crónica” en cuyo tratamiento tener en cuenta los factores psicosociales es “fundamental”.

En el caso de esta enfermedad, Ventura explica que el principal “predictor” es la falta de conciencia de la enfermedad, lo que impide que haya adherencia al tratamiento, de ahí la importancia de la atención psicosocial no solo del enfermo, sino de la familia.

En este sentido, destaca que se aplican los mismos principios que en la psicooncología: no hacer daños, curar si se puede y consolar.

Ventura reconoce que en esta materia se han producido “grandes avances”, pero todavía hay conflictos y es donde juega la bioética, que, como define este psiquiatra, es el “arte de elegir decisiones prudentes en la práctica diaria”, por ejemplo respetar el principio de autonomía de quien está “en su sano juicio” y “proteger” al que no lo tiene cuando hay que tomar una decisión sobre su ingreso.

Pero Ventura también considera importante mantener la confidencialidad porque el estigma sobre esta enfermedad pervive.

Por eso, incide en la importancia que ha tenido la integración de la salud mental dentro del sistema sanitario elemental para que estos pacientes sean tratados en el mismo sitio que el resto de enfermedades.



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