Código Policial | No hay comparación


Wilmer Poleo Zerpa.- Nadie se puede alegrar por la muerte del inspector desertor del Cicpc Oscar Pérez ni de los otros seis integrantes de su banda en un cruento enfrentamiento armado que se prolongó por casi cuatro horas el pasado lunes en El Junquito. No obstante, no se puede aceptar que el hecho sea tildado por la mediática nacional e internacional como una masacre, y menos aún cuando el saldo fatídico incluyó a dos agentes del grupo élite Faes de la Polinacional y al menos otros diez funcionarios heridos de bala, lo que a todas luces habla de que en el sitio del suceso hubo un enfrentamiento. Mucho menos se puede tolerar que se compare ese enfrentamiento armado de El Junquito con las masacres cuartorrepublicanas de El Amparo, Yumare, Cantaura.

*** Veamos. En la llamada masacre de El Amparo, perpetrada en octubre de 1988 durante el gobierno de Jaime Lusinchi (AD), fueron asesinados de una manera vil y cobarde catorce humildes pescadores venezolanos, todos desarmados, que se desplazaban en una canoa. La prensa de entonces informó que habían sido abatidos catorce guerrilleros. La verdad salió a flote días después porque hubo dos sobrevivientes, quienes narraron y describieron con lujo de detalles, todavía con el horror reflejado en sus rostros, cómo efectivos del Ejército y de la extinta Disip los ametrallaron sin contemplaciones.

*** La masacre de Yumare, perpetrada en mayo de 1986, también bajo el gobierno adeco de Jaime Lusinchi, acabó con la vida de nueve luchadores sociales. El Gobierno intentó hacerlos pasar otra vez como guerrilleros, pero luego se supo que los muertos estaban desarmados y que todos eran estudiantes y dirigentes obreros y sindicalistas que intentaban formar una plataforma política unitaria y que habían viajado a Yaracuy para reunirse con líderes sociales y políticos de dicha región. Testigos declararon que las nueve personas asesinadas por el comando de la Disip fueron detenidas, torturadas y luego ejecutadas.

*** En la masacre de Cantaura, ejecutada por el comisario de la Disip Henry López Sisco, quien también dirigió las dos anteriores, perdieron la vida 23 venezolanos, militantes del partido Bandera Roja. Fue perpetrada en octubre de 1982 durante el gobierno de Luis Herrera Campins. Sobrevivientes describirían meses después que primero los bombardearon con la aviación, luego los ametrallaron, y los heridos fueron rematados con tiros de gracia. Ese sí era un grupo armado. Pero era un grupo disminuido, desmoralizado, hambriento, sin gran apoyo en el seno de la población, con unas armas vejucas y oxidadas. Fueron sorprendidos mientras dormían. La mayoría recibió tiros de gracia.

*** Como vemos, no hay comparación posible con el enfrentamiento ocurrido en El Junquito, donde estamos hablando de un grupo de hombres con experiencia militar y policial, expertos comandos. Que habían sido capaces de ejecutar peligrosas operaciones militares, como lo fue el ataque a la sede del Ministerio del Interior, así como del TSJ (donde no sólo hicieron disparos, sino que arrojaron granadas), el asalto al cuartel Paramacay y a la GNB en San Pedro de los Altos. Estaban fuertemente armados y con cuatro decenas de granadas, que decían por las redes sociales que se querían entregar, pero se mostraban empuñando potentes fusiles y sus granadas.




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